con-ciencia

Un blog de Angela Posada-Swafford sobre ciencia, exploración y las cosas extrañas con que me encuentro durante algunos de mis reportajes./ A BLOG ABOUT COOL SCIENCE, EXPLORATION, AND SOME PERSONAL ADVENTURES IN SCIENCE REPORTING.

domingo, 19 de abril de 2009

Pequeño glotón

Ayer tuve un encuentro con el pasado, en el Monkey Jungle en Miami, un pequeño pero interesante parque de conservación de monos al sur de Miami. Fue un reencuentro con el pasado porque la última vez que estuve allí fue en los años setenta, cuando uno iba a ver shows de chimpancés haciendo monerías. Ahora no hay nada de eso, porque el Monkey Jungle, que pertenece a una familia con serias intenciones conservacionistas, está dedicado a las investigaciones. Además de los magníficos monos aulladores (una especie que no se halla tan frecuentemente en un parque zológico), y además del espléndido orangután macho espalda plateada King (que estuvo languideciendo en un circo), lo que más me llamó la atención de este “nuevo” Monkey Jungle son los monitos ardilla que hay por todas partes.

La sensación es que el visitante va por un camino encerrado de alambre, y los cientos de monitos de un par de palmas de alto están en libertad. En algún momento dado uno sale del tunes y se encuentra en plena selva con los curiosos monitos que acuden por docenas a tomar las usas pasas y los maníes directamente de tus manos. Me sorprendió la suavidad de sus manitas de cuero, un poco frías al tacto. Y me gustaron sus “buenos modales”, al agarrar las pasitas como si fueran señoritas educadas. Es todo un placer verlos comer a dos carrillos a menos de 20 centímetros de tu cara.

Los monos ardilla me interesan mucho porque están entre los más usados en los laboratorios de biomedicina. Es un sentimiento agridulce, porque uno odio pensar en ellos como conejillos de indias. Y no obstante, están más relacionados filogenéticamente a los humanos que las especies de laboratorio que no son primates. Por ejemplo, sufren naturalmente de aterosclerosis coronaria, igual que nosotros. Eso es muy valioso. Tanto, que se han escrito miles de reportes científicos productos de estas observaciones en el laboratorio.

Últimamente, su aporte más importante es en el estudio en neurociencia, comportamiento y medicamentos. Y también en investigaciones de medicina aeroespacial. Los monitos ardilla no están en peligro de extinción, de hecho son los más abundantes. Pero eso no significa que la deforestación no los amenace eventualmente. Los monitos ardilla que se usan en laboratorios de EEUU sólo provienen de la colonia de crianza que tiene el Proyecto Peruano de Primatología, en compañía con la Organización Mundial de la Salud. Los monos ardilla de laboratorio criados en EEUU provienen de un laboratorio llamado Squirrel Monkey Breeding and Research Resource (SMBRR), de los Institutos Nacionales de Salud.

Los simpáticos monitos del Monkey Jungle, no obstante, viven como ciudadanos acomodados de un pueblo pequeño pero con altares estándares de vida. Para la muestra, está el glotón del video (que espero se pueda ver).


domingo, 5 de abril de 2009

¡Hola, Sol!


Guau. Estoy viendo el sol. No, no como siempre, levantando la cabeza hacia el cielo. Sino muy, muy de cerca. Llevo media hora en vivo de observación directa, guiada por un astrónomo en una sesión de “uno a uno”, viendo esta estrella desde el telescopio solar del observatorio Bellatrix, en Italia. El sol ahora está tan cerca que un cuadrante de su curvatura ocupa toda mi pantalla. Veo una enorme explosión solar que está vomitando fuego en oleajes de miles de kilómetros de altura. Hace días pedí mi media hora de tiempo en el Bellatrix. Esto, parte de la maravillosa maratón de El Telescopio Virtual, que hace parte del evento global 100 Horas de Astronomía, que termina hoy mismo. El telescopio es robótico, y uno mismo lo controla desde su escritorio.

Qué forma tan genial, tan espectacularmente genial de acercar a la gente a la astronomía. Es decir: el privilegio de tener a un astrónomo durante media hora, y de manejar los controles de un telescopio desde la comodidad de tu casa…alucinante. Esto ya lo hacen astrónomos profesionales en todo el mundo…pero pagando un dineral. Pero que telescopios como este estén disponibles gratuitamente a simples mortales, es otra cosa…Ojalá a algún Microsoft se le ocurra patrocinar estos eventos digamos, ¿una vez al mes?

Ahora que finaliza mi “palomita” en el telescopio, mi sol parece una mandarina con la cara torturada por el acné. Pero este es un acné que está vivo. Se mueve lentamente, hierve y se retuerce. ¡Hola sol! ¡Me encanta conocerte en persona!

jueves, 2 de abril de 2009

La nariz de la NASA…¿olfateando tenis malolientes?


George Aldrich en pleno juzgamiento.
Ah, George Aldrich… ¡qué personaje! No importa cuán serio sea este toxicólogo que trabaja para la NASA en el White Sands Test Facility de Nuevo México, basta descubrirle la mirada de chico travieso para uno saber que es único en su género. Conocí a George hace como ocho años, cuando fui a escribir un artículo para Muy Interesante y New Scientist sobre “la nariz de la NASA”… que era y sigue siendo el apodo de este simpático caballero. George tiene una nariz privilegiada y entrenada como el más fino de los sabuesos. Así como un conocedor de vinos puede desmenuzar los componentes de un buen Rioja con solo hacer “sniff”, George es capaz de decirte si un objeto que va a subir al espacio está hecho de tales o cuales materiales, y si esos materiales van a representar un problema para los astronautas en órbita.

Al estar sometidos a los cambios de presión y temperatura dentro de la estación espacial, los objetos sueltan gases, que podrían generar los olores más espantosos del mundo. Por ejemplo, la tinta con que estaban impresos los manuales de instrucciones del programa Apollo sencillamente apestaban. Y allá arriba no hay como abrir una ventana. La parte aun más seria del trabajo de George es detectar si lo que sea que se suba a bordo (desde el cepillo de dientes del comandante hasta los experimentos de ciencia), va resultar tóxico. Y entonces, antes de cada misión, se entrega a este curioso proceso de calentar, pasar por un analizador de gases tóxicos, y luego oler toda clase de objetos raros. “He olido desde los cosméticos de la primera astronauta Sally Ride, hasta la colección de CDs de un cosmonauta”.

Esa vez en su laboratorio, George (cuya tarjeta de presentación realmente lo identifica como la Nariz de la NASA”, con todo y un zorrillo recostado contra el shuttle), me invitó a participar en una misión de olores que duró todo un día. Me calibraron la nariz, al igual que hace él, oliendo 7 botellitas con los “olores primarios”, que van desde el almizcle hasta lo podrido. Pero luego me llevó a almorzar y me contó sobre algo aun más divertido: como si no tuviera suficiente con oler cosas todo el día. George participa anualmente en un extraño ritual de la clase media estadounidense: es juez en un concurso de "Los Zapatos Tenis más Olorosos y Espantosos". La gente va, se quita los zapatos, George se los pasa bajo su delicado instrumento olfativo, y escoge al peor ofensor. En realidad, el concurso está patrocinado por un talco para quitar los malos olores del pie. Una brillante maniobra de relaciones públicas.

Uno pensaría que tras no sé cuántos años de oler tenis podridos, George habría tenido suficiente. Pero ¡qué va! Esta es una foto de su más reciente juzgamiento, el mes pasado…a tu salud, Nariz!